Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

El arte de ser parte (del mundo)

Dicen que la vida consiste en interactuar. Esta página quiere ser una muestra más de que estoy vivo.

El tren.

12, 28 de 2005-11-28 de 2005



Powered by Castpost

Él esperaba tranquilo en el andén de la estación. La tarde de Domingo no invitaba a grandes viajes, ni a la playa ni a ningún lado en el que la gente agobiase con su bullicioso silencio intelectual.

El banco parecía cómodo. No sabía desde hacía cuánto tiempo llevaba esperando allí, en la misma postura sin tener que cambiar constantemente la posición de las piernas o darse un paseito para relajar la espalda. Era extraño.

Muchas otras tardes había ido a esperar a la estación. Sin embargo hoy era el día, aunque ya estaba en el otoño, en el atardecer de ese día; era todo tardío, la verdad, pero hoy era ese día. Las cartas estaban amontonadas en la mochila. Eran cartas de él. La firma era auténtica, algo borrosa, pero familiar. En casa quedaban los correos electrónicos y los mensajes en el móvil, que, extrañamente, había permanecido mudo durante toda la comida y hasta ahora no daba señales de vida. "Se habrá jodido la batería o no tendrá cobertura" - pensaba.

La llegada del tren no había sido anunciada, como nunca había pasado, pero la cabeza le estallaba de paz y de intuición. Era como una explosión de verdad, de certeza que iba ocupando todas y cada una de sus neuronas, convenciendo mediante minúsculos impulsos eléctricos a cada célula pensante, hasta las más escépticas de su cerebro.

Había un pequeño corpúsculo que negaba aún la evidencia. Eran las más ancianas de todas, la congregación de las antiguas. Dogmáticas, oscuras y temidas por las demás, debido a su grandeza para empequeñecer no sólo al resto de sus hermanas, sino a toda fibra sensible que vivía en el interior de su cuerpo.

Lo cierto es que no se lo terminaba de creer. Nadie podía ser como el enigmático viajero decía ser. Pero sin embargo, todo era tan coherente, todo encajaba en el simbólico puzzle de su personalidad; parecía esa peli del director indio que nadie conocía hasta que montó una de miedo sin ser de miedo, con niño, pero sin ser de niños y, sobre todo, sin un jodido fallo en el guión...

Le había dado mil vueltas... ¿qué ganaba mintiéndole? Tal vez quería ser bien acogido, tal vez solo quisiera un poco de hospitalidad, después de un viaje tan largo... "Tal vez no venga nunca" - pensó. Y en ese momento la sangre pareció convertirse en hielo, o por lo menos sentía millones de minúsculos icebergs flotando por su rojo hacia el centro de todos los problemas...

Los últimos rayos del día se filtraban en el horizonte (esa cosa de la que todo el mundo habla y que consideran algo finito, algo tangible cuando nunca han salido de la ciudad donde nacieron) y anunciaban por su color rojizo entre las pequeñas nubes que un día soleado nacería otra vez mañana.

Eso siempre le produjo cierta complacencia. El saber que al día siguiente el buen tiempo acariciaría su piel era como una promesa de alguien que sabes no te va a defraudar... y entonces lo escuchó otra vez... y digo otra vez porque antes ya lo había intuido, pero la guerrilla oscura había interceptado de nuevo esa corriente positiva y esperanzadora...

Claramente era la sirena de un tren, y por su volumen y tono cambiante, estaba cerca, muy cerca.

El móvil escupió cuatro artificiales bips como queriendo competir con la cercana sirena, sin ni siquiera aproximarse al poderoso sonido viajero, sin embargo, alteró sobremanera a nuestro amigo, que lo zarandeó un momento hasta que paró de sonar y escrutó la pantallita verde...

Allí había unas palabras que sembraron el pánico, causaron temblores e hicieron tambalear toda la quietud que reinaba hasta apenas unos segundos.

" Estoy aquí " seguido de unos números que evidenciaban un número de vagón y compartimento.

La ansiedad, el miedo, la prisa, la responsabilidad... todos los sentimientos que puedas imaginar que borrarías de tu personalidad ante una situación importante en la vida, todos se habían reunido para celebrar la llegada del viajero esperado. Danzaban y se divertían contando a su oído historias de fracasos, de miedos infundados y de tragedias apoteósicas, riendo burlonamente de la cara cambiante de nuestro protagonista...

Apareció de repente. Ni siquiera lo vio frenar, pararse, sobre todo porque él lo esperaba por el andén 1, el principal, por el que solían llegar todos los trenes a esa pequeña estación... Pero no fue así... se giró al sentir el último golpe de pistón y el estertor de la última biela al morir en su impulso y allí estaba, majestuoso, el tren, tal y como había avisado el mensaje. Vio como salían personas con prisa, gente que le era conocida, pero no sabía bien de qué, caras familiares, incluso gente que reconoció como antiguos amigos a los que no veía ni sabía de ellos... pero él no bajó...

Presa de la ansiedad dirigió sus temblorosos pasos hacia el vagón señalado, el último del tren. Subió, giró hacia el final sintiendo que su alma caminaba 2 pasos delante suya... llegó al compartimento y... no había tal compartimento..."Dios!!". Todo terminaba un número antes...¿Qué diablos...?

Avanzó unos pasos más, donde se suponía que iba a estar el viajero esperado... no había otra cosa que un viejo y gran espejo. El se miró, vio como su gesto de decepción rebotaba con rabia contenida... sin embargo, su mueca empezó a torcerse y a transformarse en una leve sonrisa, que terminó por contagiar a sus ojos...

Una lagrimilla humedeció su piel y resbaló por su cara. Todas sus preguntas se contestaron de golpe por ellas mismas, los misterios se oscurecieron hasta la luz y en su corazón sintió la voz que siempre había esperado escuchar:

"Soy yo. Soy tú"
Por Juan Cosaco | # enlace | Comentarios (8) | Referencias (0) | En: Escritos literarios | Leído 381 veces

Comentarios

  1. esencia dice:

    Me ha encantado.

  2. Bonita historia de encuentros en la tercera fase, digo... con uno mismo.
    Salud.

  3. Gracias, supongo que los mejores viajes son los interiores; y también tengo claro que sólo nos conocemos a nosotros mismos a través de los demás.
    Agur

  4. Gabi dice:

    Muy Bueno.
    Es importante esperar ese último vagón , y descubrirse en el viejo espejo

    Me ha encantado

  5. melytta dice:

    Nos pasamos la vida buscándonos a nosotros mismos, ¿verdad? Sobre todo a través de los demás, en los otros, en sus miradas... en lo que esperan...
    Un relato de los que te dejan "pillada" para un buen rato.

  6. Thabitha dice:

    A veces pasamos una vida entera buscando nuestra "alma gemela" por llamarlo de alguna forma, esa persona en la que nos vemos reflejados nosotros mismos. Algunos encuentran a esa persona, otros se encuentran a sí mismos.
    Ambos ganan.
    Preciosa historia ;*

  7. sabbat dice:

    Me ha gustado muchísimo la redacción literaria pero reconozco que también ha influido en ello la similitud emocional de la llegada del tren por el que yo esperé en Noviembre

    Al día siguiente el viajero se fue y no supe más de él y ni siquiera de mí

    Un beso

  8. @Gabi: Y no tener mido de mirarse...
    @melytta: efectivamente, sigo buscando.
    @Thabitha: buscar nuestra alma gemela puede ser frustrante; me gusta más encontrarme a mí mismo en los demás, en el mundo.
    @sabbat: quizás no fuera viajero, sino turista. Besos.

Agregar un comentario


Recordar datos
¡Un solo click vale!