Quiero un poco más (3/7)
12, 09 de 2006-03-09 de 2006
Recuerdo aquellos lejanos comienzos, cuando nos conocimos y empezamos a quedar.
Por las noches, cuando tenías que marcharte, yo no quería que te fueras, siempre se me hacía corto y te pedía que te quedaras un poco más, aunque sólo fueran cinco minutos.
Hoy sigo haciendo lo mismo.
15/03/2004
Abrió los ojos. La habitación permanecía en silencio y sólo la débil luz del despertador digital se atrevía a poner en duda el poder de la oscuridad.
Poco a poco, a medida que su mente se aclaraba, fue haciendo coincidir las coordenadas de su tiempo y su espacio. Lentamente fue borrando las imágenes oníricas del último sueño. La realidad volvió a imponerse, como cada mañana.
Pero algo había ocurrido; algo distinto sucedía entonces.
Una extraña sensación parecía estar por su cuerpo. En ese momento sintió ganas de bostezar y lo hizo, estirándose, abriendo los brazos como si estuviera esperando que otros brazos le rodearan.
Pensó en lo que había sucedido aquel fin de semana, y pensó en lo que podría ocurrir a partir de entonces.
“Creo que esto debe ser el comienzo de la felicidad” – se dijo. Y sonrió. Hacía tiempo que no se levantaba con una sensación tan optimista.
Quiso saborear un poco más el momento, pero el despertador se aproximaba a la hora señalada en la que realiza el trabajo más horrible que pueda pensarse: matar los sueños para despertar a la realidad. Ese era el terrible encargo, la fatal misión del aparatejo.
Sin dudarlo, él se incorporó, se acercó al incómodo cacharro y apretó el botón adecuado para abortar la alarma matutina. Pensó que de esta forma, si se adelantaba a aquel sonido, de alguna manera, su sueño no terminaría.
Lo que no sabía en ese momento, era que lo que le ocurría no se trataba del principio de la felicidad, sino que eso que sentía era propiamente la felicidad.
Por las noches, cuando tenías que marcharte, yo no quería que te fueras, siempre se me hacía corto y te pedía que te quedaras un poco más, aunque sólo fueran cinco minutos.
Hoy sigo haciendo lo mismo.
15/03/2004
Abrió los ojos. La habitación permanecía en silencio y sólo la débil luz del despertador digital se atrevía a poner en duda el poder de la oscuridad.
Poco a poco, a medida que su mente se aclaraba, fue haciendo coincidir las coordenadas de su tiempo y su espacio. Lentamente fue borrando las imágenes oníricas del último sueño. La realidad volvió a imponerse, como cada mañana.
Pero algo había ocurrido; algo distinto sucedía entonces.
Una extraña sensación parecía estar por su cuerpo. En ese momento sintió ganas de bostezar y lo hizo, estirándose, abriendo los brazos como si estuviera esperando que otros brazos le rodearan.
Pensó en lo que había sucedido aquel fin de semana, y pensó en lo que podría ocurrir a partir de entonces.
“Creo que esto debe ser el comienzo de la felicidad” – se dijo. Y sonrió. Hacía tiempo que no se levantaba con una sensación tan optimista.
Quiso saborear un poco más el momento, pero el despertador se aproximaba a la hora señalada en la que realiza el trabajo más horrible que pueda pensarse: matar los sueños para despertar a la realidad. Ese era el terrible encargo, la fatal misión del aparatejo.
Sin dudarlo, él se incorporó, se acercó al incómodo cacharro y apretó el botón adecuado para abortar la alarma matutina. Pensó que de esta forma, si se adelantaba a aquel sonido, de alguna manera, su sueño no terminaría.
Lo que no sabía en ese momento, era que lo que le ocurría no se trataba del principio de la felicidad, sino que eso que sentía era propiamente la felicidad.
Por Juan Cosaco |
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En: Necentimientos |
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Como decía mi profesor de ética en la facultad: "la felicidad no existe. Sólo existen momentos de mucho gustirrinín"
Estoy de acuerdo.
un abrazo
Desde luego Juan... tú sí que sabes cómo hacer que una chica se sienta especial.
Beso!
La felicidad se empeña en disfrazarse, por eso no la reconocemos nunca.
Un abrazo.
¡Ay, Juan, amigo; a veces tardamos tanto en hacernos conscientes de lo que sentimos, que justo cuando "caemos" ya lo hemos perdido...
Un entrañable abrazo
Hannah
Joder joder joder qué guay eso del final..."lo que no sabía en ese momento, era que lo que le ocurría no se trataba del principio de la felicidad, sino que eso que sentía era propiamente la felicidad."
Muxu
Sigo creyendo en los momentos de felicidad, en parte este momento es uno de ellos.
Gracias.
Ya que es difícil encontrar la felicidad, encima hay que estar verdaderamente atento para reconocerla... esto se complica, desde luego...