Hamelin: la melodía que nos arrastra.
10, 06 de 2006-05-06 de 2006

El grupo Animalario presentó ayer en Pamplona la obra "Hamelin", una de esas piezas de las que me gustan, sin apenas escenografía, sin decorados ni efectos especiales: con el director presente, aludiendo al guión, los actores e incluso al público (al que le pide educadamente una complicidad necesaria para que este teatro funcione).
Los Guillermo Toledo y Alberto Sanjuán salen de sus casillas de papeles cómicos y nos hielan la sangre en ciertas escenas tan dramáticas como reales; como pequeñas punzadas en nuestra piel, van haciendo mella y sacando la sangre que demuestra que estamos vivos, que sentimos... a pesar de que este tema (pederastia) ya casi no nos afecta, ya lo hemos hechado en la mochila de los horrores de la sociedad que nos engulle.
Hay una escena que me parece especialmente impactante. El padre del niño supuestamente forzado sexualmente, un hombre alcohólico, sin trabajo, de poca cultura se reune con el juez que lleva el caso de su hijo en un bar cutre; intenta convencerle de que necesita ver a su hijo, del que le han separado.
El camarero está viendo la tele, una vieja también; mientras el padre llora la tragedia ante un juez impasible, la vieja se carcajea ante la televisión... la miseria cercana clama en el mundo, mientras los medios de comunicación alienan, distraen, de la forma más burda...
El juez, triste protagonista de Hamelin, no duerme, no tiene paz, no consigue rehacer su vida familiar en la que el silencio se apodera de su relación marital mientras rehuye el trato con su hijo, al que teme; un hijo que curiosamente se parece bastante al niño maltratado sexualmente...
Pero hay algo más que un caso de pederastia; la "raíz del mal" que el juez apenas menciona sin atreverse a explicitar flota en cada escena, mira y es mirada en cada uno de los crudos momentos que componen esta magnífica composición... ese mal no está en el escenario, ni en la sugerente puerta del dormitorio del niño, ni en la luz ni en la oscuridad alumbrada por mecheros... y sin embargo está en el teatro y está fuera.