Inoportuna.
11, 18 de 2006-09-18 de 2006

El lunes había terminado ya, volvía a casa conduciendo con una sensación extraña, como en aquellos momentos pasados, cuando algo importante iba a suceder.
No había ocurrido nada especial. Por la mañana, madrugón, café y mucha actividad. Comida rápida y más café para compensar la no-siesta. Más trabajo. Quizás fue consciente de que no era normal que tuviera tanta energía; más si tenemos en cuenta que había pasado las últimas cinco noches durmiendo bien poco, entre otras razones, gracias a las fiestas locales y al chiringuito montado justo debajo de la ventana de su dormitorio; transparente a ritmos maquineros y gritos agarrotados por el alcohol.
Era como si, de una manera inconsciente o mágicamente intuitiva (dependiendo si el espectador es más dado a la psicología o a la fantasía) llevara todo el mediocre día esperando por algo o alguien.
La calle estaba vacía al doblar la última esquina, que le conducía al lugar donde solía aparcar; dio un último giro, acercó el coche suavemente cerca de la acera y entonces... apareció...
inoportuna.
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Me gustan estos post en los que con pocas palabras tú dices muchas cosas y los demás las intuímos. Encriptados, para miradas así.
Besos